Mi lección más importante de los primeros tiempos
Cuando DarkPark abrió en 2013 uno de los primerísimos escape rooms de los Países Bajos, todavía no existían los fans de los escape rooms. Aún me acuerdo perfectamente de cómo se me cayó el alma a los pies después de que el primer equipo viniera a probar The Dentist. Nada de lo que había ideado había salido como esperaba. En lugar de 60 minutos, aquel pobre equipo se había pasado más de 2 horas dentro. No entendían nada de los enigmas, y eso provocó frustración en los jugadores y pánico en mí. Si por mí hubiera sido, nada más terminar habría cogido una caja de cerillas y le habría prendido fuego a todo aquello hasta los cimientos.
Para mi sorpresa, aun así salieron entusiasmados. Nunca habían hecho nada parecido y no tenían ni idea de cuánto tiempo habían estado dentro. Decidí guardar las cerillas y sacar mi libreta llena de notas. ¡Había que cambiarlo todo! Me quedaba hora y media hasta que llegara el siguiente equipo. Tiempo de sobra para hacer ajustes.
Eso resultó ser un pelín demasiado ambicioso por mi parte, porque después de unos retoques rápidos en un solo enigma ya los tenía en la puerta. Me preparé para otras 2 horas largas comiéndome las uñas.
Al cabo de exactamente 59 minutos estaban fuera. Ni frustración ni nada. Todo había salido justo como estaba diseñado. Los enigmas les parecieron lógicos, tuvieron un gameflow perfecto (una palabra que entonces ni siquiera existía) ¡y salieron eufóricos!
Y así siguió siendo siempre a partir de entonces. Si lo hubiera cambiado todo después de mi experiencia con el primer equipo, me habría cargado por completo mi diseño original. Menos mal que no hubo tiempo para eso.
La lección que aprendí en aquellos primeros tiempos fue que una sola experiencia no es más que eso: una experiencia. Esa experiencia vale muchísimo para esa persona concreta, y seguro que vuelvo sobre ello en otro artículo, pero no es sensato tirar por la borda toda tu visión por una sola experiencia u opinión. Solo cuando varias personas tropiezan con lo mismo llega el momento de revisar a fondo tu diseño.
Oleadas de fans de los escape rooms
Cuando abres un nuevo escape room, siempre llegan oleadas de distintos tipos de visitantes.
La primera oleada - fans de los escape rooms
La primera oleada son los fans de los escape rooms. Gente que se muere de ganas de ver qué novedades hay en el mercado y de vivirlas antes que nadie, para poder contárselo a otros fans de los escape rooms. Son jugadores con experiencia que suelen salir con tiempo de sobra antes de que se cumpla la hora. Si no es así, como diseñador sabes que tienes que recortar a lo bestia el número de enigmas, porque entonces sencillamente hay demasiados o son demasiado complicados. Pero si los jugadores salen demasiado pronto, no hace falta que te entre el pánico, porque enseguida llega la siguiente oleada.
La segunda oleada - de boca en boca
La segunda oleada son jugadores que han oído a sus amigos decir que mola y por eso se han comprado una entrada. No siempre tienen experiencia, así que empieza una época de desesperación, porque de repente casi ningún equipo consigue llegar al final del escape room dentro del tiempo disponible. En esta fase hay margen para ajustes sutiles, para que distintos tipos de equipos puedan pasarlo bien en el escape room, sin frustración. Solo tienes que tener cuidado de que la desesperación no te lleve a darle la vuelta a todo de forma radical, porque la siguiente oleada ya está en camino.
La tercera oleada - amantes de los escape rooms
La tercera oleada son los fans de los escape rooms que saben que a una sala hay que darle un poco de tiempo para que madure. Ya se han corregido los problemas de rodaje, el game master se conoce el escape room al dedillo y, a menudo, hasta se han añadido algunos efectos nuevos. Este es el momento de disfrutar al máximo de una sala, y esta oleada de fans lo entiende. Vienen a disfrutar. Quizá sería mejor llamar a este grupo de fans de los escape rooms «amantes de los escape rooms».
Para quien construye, esta es la mejor época. Estás satisfecho con lo que has construido y el público que viene ve lo que has intentado hacer y sabe valorarlo.
La cuarta oleada - fans del terror
Pero entonces llega la cuarta oleada, la de los fanáticos del terror. Esto solo vale, claro, para los escape rooms de miedo, así que los escape rooms que no dan miedo pueden pasar directamente a la quinta oleada. Pero claro, nosotros somos DarkPark, el miedo es nuestra marca de la casa, así que primero tenemos que sobrevivir a esta oleada. En la segunda oleada suele haber pasado un equipo al que le encantan las experiencias nuevas y de mucha tensión, y ese equipo salió tan entusiasmado que se lo contó a todos sus amigos, que ahora son los que están en la puerta. No son aficionados a los enigmas: son personas que quieren gritar, correr como pollo sin cabeza, llorar de miedo y, al terminar, contar en su cuenta de Instagram que es lo que más miedo les ha dado en la vida. Suelen ser gente encantadora y con mucho entusiasmo, pero con ese entusiasmo también te destrozan medio escape room. Lo que viene después es, por tanto, una fase en la que tienes que reparar mucho e intentas dejar a prueba de bestias todo lo que puedes (todavía más a prueba de bestias de lo que ya lo habías dejado).
La quinta oleada - ¡todos a la vez!
Para entonces ya han pasado seis meses y la sala empieza a estar bastante madura. Ahora llega la quinta y última oleada. Todo el mundo a la vez. Los fans de los escape rooms con experiencia se alternan con los vírgenes del escape room y con los destrozones del terror pasados de rosca, y los game masters saben sacarle partido. Al fin y al cabo, a estas alturas ya lo han visto todo alguna vez. Esta es la prueba definitiva. ¿El escape room ya es divertido, superable y lo bastante resistente para cualquier tipo de jugador? ¿Sí? Entonces llega una época con oleadas cada vez más pequeñas de distintos tipos de jugadores. ¿No? ¡Entonces toca ponerse las pilas a toda leche!
Fans de DarkPark
Al principio todavía no había fans de los escape rooms. Simplemente había gente que ya había jugado alguna vez a un escape room y gente que nunca lo había hecho. Con el tiempo también hubo gente que ya había jugado a bastantes escape rooms (a veces hasta 100) y alguna que otra persona que había jugado a más de 1000. ¡Pero qué c*ño!
Y entonces, un día, recibí el primer mensaje de alguien que se definía como fan de DarkPark. No un simple fan de los escape rooms, no señor: ¡un fan de DarkPark! Otra vez: ¡pero qué c*ño!
La prueba definitiva
Diez años después llegó de repente la noticia de que iban a vender nuestro edificio de Delft. El lugar donde todo había empezado en 2013 iba a desaparecer para dejar sitio a viviendas para estudiantes. No había nada que yo pudiera hacer.
¿O sí? Esta era la prueba definitiva. A lo largo de los años, ya eran cientos las personas que se habían llamado a sí mismas fans de DarkPark. ¿Podría ese grupo cada vez mayor de seguidores fieles ser la solución a nuestro problema?
Pusimos en marcha un crowdfunding. A cambio de un buen tipo de interés, los fans de los escape rooms podían prestarnos su dinerito, ganado con el sudor de su frente, para intentar comprar nosotros mismos el edificio, todos juntos. El contador estaba a 0. Teníamos tres meses para reunir un millón de euros. Un viaje imposible estaba a punto de empezar.
El contador estaba a 0. ¿En qué estaba yo pensando? ¿Fans de los escape rooms? ¿Fans de DarkPark? No éramos más que un escape room de nada; claro que no me iban a prestar su dinero.
El contador estaba a 0. Esto era absurdo. Había hecho un ridículo espantoso. Seguramente todo el mundo estaba en su casa riéndose de mí a carcajadas. Tenía que pararlo todo cuanto antes, ¡o nadie volvería a tomarme en serio!
Ya llevaba más de 60 segundos mirando el contador, que seguía a 0. ¡60 segundos! ¡Una eternidad!
¡Ding! ¿Qué era ese sonido? Un primer fan había invertido dinero. En DarkPark. ¡En mí! ¡¿Quéééé?!
Ding. ¡Otro más! Ding, ding, ¡otros dos!
Durante cuatro semanas no pararon de salir dings de mi ordenador. Teníamos tres meses, pero a las cuatro semanas ya habíamos alcanzado nuestro objetivo. Por primera vez en la historia, un escape room había conseguido reunir un millón de euros mediante crowdfunding. ¡Un millón de euros! ¿Ya había dicho lo de «pero qué c*ño»?
The DarkVerse Family
¡DarkPark se había salvado! Con la ayuda de nuestros fans, habíamos conseguido comprar el edificio. ¡Ya nunca tendríamos que irnos de allí!
Pero ese no fue el mayor regalo. Mucha gente que me confió su dinero se tomó además la molestia de enviarme mensajes de ánimo, llenos a rebosar de la expresión «fan de DarkPark». Hubo quien salió a la calle a repartir folletos por nosotros, ¡por iniciativa propia! La gente compartía nuestra campaña en redes sociales y se la contaba a sus amigos. Algunos invirtieron una segunda, una tercera y a veces hasta una cuarta vez. Todo el mundo arrimó el hombro para alcanzar el objetivo y salvar a DarkPark Delft de la ruina.
Era como una gran familia de fans de DarkPark. The DarkVerse Family, que quería expresar su fe absoluta en mi empresa inundándome de mensajes. No exagero si digo que durante semanas apenas hice otra cosa que contestar mensajes de fans. Expresar mi gratitud.
The future is Dark!
Con The DarkVerse Family detrás de mí, veo un gran futuro para DarkPark. Ahora sé que no hago esto solo. Que en DarkPark tenemos un equipo humano fantástico ya lo sabía, pero descubrir que nos respaldaban tantísimos fans de los escape rooms fue algo que me llegó al corazón.
El grupo cada vez mayor de personas que se sienten parte de The DarkVerse Family es mi motivo para seguir adelante, incluso cuando las cosas se tuercen. Gente bonita, especial, cariñosa, dispuesta a ayudar y de buen corazón. Fans de los escape rooms que le han hecho a DarkPark un hueco muy cálido en su corazón y que, con ello, se han ganado a su vez un hueco muy especial en el mío. Personas que me dan la inspiración y la motivación para seguir construyendo mi sueño, porque hace mucho que ya no es solo mi sueño, sino un sueño en el que cada vez más gente ha empezado a creer. Un sueño más grande que salas de las que hay que escapar y enigmas que hay que resolver. Un sueño que devuelve la esperanza a la gente en tiempos revueltos. Un sueño que hace que la gente vuelva a sentirse especial, aunque ya nadie se preste atención por culpa del auge de los smartphones y las redes sociales. Un sueño de personas, por personas y para personas. Un sueño en el que tú vuelves a ser el centro de tu propia historia. You are the Story!
The future is Dark. Pero, en este caso, ¡eso es algo muy positivo!