¿De verdad le estás sacando todo el jugo a la vida?
Quizá no sea la pregunta que esperarías encontrar en una web sobre escape rooms y, sin embargo, los escape rooms tienen muchísimo que ver con ella.
No perdamos el tiempo y empecemos directamente por la pregunta más grande de todas. La pregunta de las preguntas. ¿Por qué estamos en este mundo? ¿Para trabajar? ¿Para reproducirnos? ¿Para perseguir nuestros sueños?
¿O simplemente estamos aquí? Y punto. Dos personas se quisieron o tuvieron una noche loca y fugaz y, de repente, aparecimos nosotros. Sin un plan mayor, sin un propósito en la vida, solo un espermatozoide y un óvulo diminutos y, sin más, había otra vida nueva en el mundo. Un ser humano. Alguien con sueños y miedos, deseos y obligaciones. Alguien con la tarea de averiguar qué ha venido a hacer a este mundo y con la libertad de elegir su propio camino.
La prisión invisible
¿Tiene algún sentido todo esto? ¿O solo corremos todos detrás de las campañas de marketing de las grandes empresas? ¡Bebe Coca-Cola! ¡Cómprate un iPhone! ¡Sigue en las redes sociales a toda la gente que puedas, o no sabrás qué comió ayer la vecina! ¡Cómprate este cacharro completamente inútil y totalmente innecesario, o no tendrás suficientes trastos en casa! Etc., etc.
El miedo es un gran motor. Miedo a no encajar, miedo a que nos falte algo, miedo a no sacarle a la vida todo lo que tiene. Miedo a perdernos algo y, precisamente por eso, nos perdemos tanto.
Sin saberlo, dejamos que el miedo nos guíe todo el tiempo. ¿Cómo sería la vida si ya no tuviéramos miedo? Si fuéramos libres para hacer, sin más, lo que en el fondo más deseamos. Si nos atreviéramos a seguir a nuestro corazón.
Quizá ese sea el propósito de nuestra vida. Dejar de tener miedo. Lanzarnos. Ser libres de los juicios de los demás, de las historias que hemos acabado creyéndonos sobre lo que deberíamos hacer, quiénes deberíamos ser, lo que se espera de nosotros y lo que esperamos de nosotros mismos. Ser felices, simplemente.
En realidad, no hace falta tanto para eso, para ser felices y ya está. Solo aprender a soltar el miedo. Y todo lo que nos tiene atrapados.
Escape rooms
Y así es como, después de todo, llegamos a los escape rooms. ¿Por qué entramos en una sala que se cierra con llave y dejamos que durante una hora nos metan el miedo en el cuerpo? Porque, en el fondo, anhelamos librarnos de nuestros miedos.
El muro que construimos nosotros mismos
Muchas personas evitan aquello que les da miedo. Levantan un muro a su alrededor y se mantienen bien lejos de todo lo que pueda ponerlas frente a su dolor interior. Es la receta perfecta para ser infeliz toda la vida. El dolor, la tristeza y el miedo que se reprimen siempre vuelven, cada vez con más fuerza. Como un niño que quiere atención. Mientras sigas mirando el móvil e ignorando al niño, gritará cada vez más fuerte y reclamará atención con más insistencia. En cuanto te tomas un momento para conectar con el niño, la necesidad de que lo vean desaparece y el niño deja de dar la lata. Con nuestros miedos pasa exactamente lo mismo. Todo lo que reprimimos nos sigue persiguiendo. En cuanto encontramos el valor de mirar nuestro miedo directamente a los ojos. De sentirlo hasta el fondo. De aceptar que duele. Entonces el miedo se va. Lo peor ya ha pasado. El miedo se siente visto, igual que el niño que lloriqueaba, y puede abandonar nuestro cuerpo.
Por eso nos metemos en escape rooms de infarto. Por eso nos subimos a montañas rusas, vemos películas de terror, paseamos por bosques oscuros en plena noche, vamos a ver en la feria a una adivina que quizá tenga malas noticias para nosotros, nos asomamos al borde de un acantilado para sentir el vacío o nos apuntamos a experiencias extremas que nos aceleran el corazón.
Más que sustos y tensión
Quizá alguna vez hayas estado en un escape room de DarkPark y hayas notado que detrás había algo más que jumpscares y ganas de asustar. Y es que el objetivo de todo lo que construimos no es solo hacerte gritar, sino darte la oportunidad de recuperar tu libertad enfrentándote a tus miedos. Deseamos de corazón que todo el mundo pueda llevar una vida feliz. Esa es nuestra misión. Una vida libre de miedo. Y la única forma de conseguirlo es afrontarlo. Prestarle al miedo un momento de atención y luego soltarlo.
Al terminar, te quitas un peso de encima y te sientes libre, feliz.
Quien se atreva a vivir así notará que la vida pesa cada vez menos. Cuando ya no hay muros, ni límites, ni bloqueos, lo único que queda es la libertad. Libertad para hacer lo que de verdad quieres. Libertad para hacer realidad tus sueños. Libertad para ser feliz, así de simple.
¿Tú qué eliges?
Y así volvemos a la pregunta con la que empezó todo: ¿de verdad le estás sacando todo el jugo a la vida?
¿Te aferras a tu miedo? ¿Añades unos cuantos ladrillos más a ese muro que ya es demasiado alto? ¿O empiezas hoy a derribarlo? No será un viaje fácil, pero al final te espera la verdadera libertad.